ALGUNOS EXTRACTOS DE MI PRIMERA EXPERIENCIA
CON SERES INCORPOREOS
El 29 de marzo de 1984 se presentaron en el cuerpo de mi esposa, que
es Médium, sucesivamente, cuatro varones en una experiencia
mediùmica de gran intensidad.
Ellos llevaron de la mano mi vida a travès de una serie de
experiencias sobrenaturales de gran potencia.
Estos hechos quedaron asentados en mi libro Contacto Extraterrestre,
que publiquè en Editorial Botas en 1997, algunas de cuyas partes
estoy presentando al amable lector, como una prueba de que el mundo espiritual sì efectivamente se halla màs allà de la experiencia de
la carne, exponiendo algunas ideas capitales sobre la importancia
que tiene para el ser humano el dirigirse definitivamente hacia la
Luz.
Estos son algunos pasajes de esa crònica :
EL POLTERGUEIST DE LAS FICHAS
“Antes de que se cumpliera la semana de aquel desastre, subimos Luceida y yo juntos a la casa con la niña en la noche, en un día hábil y zas, otra vez el mismo espectáculo entre molesto y desesperante.
La cuna de la niña parecía como si se hubieran metido en ella dos chamacos y hubieran saltado y jugado luchas y se hubieran revolcado, las mantas totalmente enredadas, como adentro de una licuadora, las fichas revueltas en el interior de las mantas, el estuche de cartas adentro de la cuna, las cartas completamente regadas. Parecía una revolvedora, no se habían limitado a abrir el estuche y desparramar el contenido por todas partes, sino que habían incorporado ese contenido a las mantas justo como quien bate la masa para un pastel.
Lo que siguió esa segunda ocasión de fichas y cartas regadas no se puede describir. Tal vez Luceida y yo fuimos víctimas de un juego de percepción, tal vez se trató de algún tipo de manipulación perceptiva que llegó incluso para mí a lo espeluznante.
Luceida y yo encontramos que, después de buscar y rebuscar entre las cobijas de la cuna, seguían todavía faltando fichas de diferentes colores, las cuales eran de plástico, como de una pulgada de diámetro, en rojo, azul, verde, negro, etc.
Entonces yo escombré una parte de la ropa de la cuna para seguir buscando, porque aparentemente, y esto lo notamos repetidamente ella y yo, ya no había nada que buscar, pero seguían faltando. Sin embargo, cada vez que yo extendía la mano dentro de la cuna sacaba una ficha. Extiendo una mano, tomo varias fichas y se las entrego a lla, pero en el ínter me da la impresión de que realmente ya no había nada propiamente sobre la ropa de la cuna, sino que yo estaba metiendo la mano dentro de algún lugar que se encontraba entre la sábana y mi mano.
Porque la clara impresión era, repetidamente, de que ya no quedaban m ás fichas allí. Alargo el brazo, las tomo y se las entrego a ella, pero en ese movimiento hacia la izquierda para entregarlas voy sintiendo con cada vez más claridad que realmente estaban brotando fichas de la ropa como brotan las ronchas en la piel, que yo las tomaba no de sobre la cuna sino alargando la mano hacia un espacio intermedio, como un pliegue que se interpusiera entre mi cuerpo y la cuna. O también con esa certeza de que acaban de aparecer ante mi vista tres fichas, las tomaba y me decía que eran las últimas, pero volteaba y había otras cuatro. Las volvía a tomar y al voltear había de nuevo otras dos, y yo diciéndome que esas dos ya no estaban allí en el último movimiento de mi mano. Tal vez de hecho Luceida y yo vimos claramente cómo comenzaron a aparecer ante nuestros ojos, pero nos negábamos por todos los medios a admitir ambos semejante remota Posibilidad, y sin embargo se fue formando un silencio espeso en que dejamos de hacer comentarios, para recuperar y recuperar fichas de plástico que no estaban ya allí, yo siempre tuve la seguridad de que ya no estaban allí pero yo las seguí tomando en varios intentos más, con un nerviosismo creciente en ambos, aunque ninguno lo mencionó ni en ese momento ni nunca.
Algo realmente de locos. O bien con la sensación de que alguien se había llevado de nuestra realidad esas fichas, y las estuviera devolviendo allí, frente a nuestros ojos, apareciéndolas acompasadamente sobre la sábana cada vez que yo alargaba la mano.
Una entrega inmediata desde otra dimensión, se podría decir, donde el mismo fantasma comienza a devolver lo que se llevó pero en sus propias narices, haciéndoles creer que ven algo pero realmente materializando el objeto frente a los ojos de la persona y permitiendo que ésta lo tome un segundo después de materializado.”
EL DIBUJO DE LA CASA
“Inclusive me atreví a pedirle que me dibujara un árbol y una casa, dándole pluma azul y una hoja tamaño carta de papel muy grueso. Tratando de hacer algo parecido al test norteamericano House, Tree and Person, sin solicitarle que me dibujara a la persona, por olvido pero también por presión. Resplandor dibujó descuidadamente una casa convencional que tiene la puerta como cincuenta centímetros sobre el suelo, denotando su personal inaccesibilidad, sin detallar la hoja de la puerta, pero incluyendo un sinuoso camino y el inesperado detalle de cinco flores a su alrededor.
Ese detalle me parece propio del espíritu femenino, es algo que no puedo explicar si se supone que un hombre tan mandón tan duro, tan metódicamente severo lo dibujó. Choca ese detalle especialmente femenino en el dibujo de un varón especialmente masculino, son características absoluta y diametralmente opuestas. El árbol lo tituló con su propia letra, pero es apenas un boceto en el que destaca el descuidado trazo del follaje que no denota ramas. La letra del general en el caso del árbol es diferente. Ella tiene letra redondeada, él hizo la letra angulosa, ella inclina mucho la letra hacia la derecha, retratando su vocación social, pero él la coloca vertical, reflejando su voluntaria separación del resto. Posteriormente le pedí a Luceida que hiciera en otra ocasión, sobre una hoja tamaño esquela, una casa. Ella ocupó la totalidad del espacio, sin dejar un solo milímetro sin dibujar, ni siquiera como mínimo margen. Esto denota para mí ese afán suyo de abarcarlo todo, la megalomanía de una persona que no se sabe ubicar en su entorno en escala correspondiente, sino que trata dr asfixiar la totalidad del espacio con su propio ser. Lo más grave es que dibujó la estancia de la casa exclusivamente por dentro, reflejando una circunspección patológica, si no es que de plano una transparencia propia del infantilismo, no del adulto.
La estructura de esa casa por dentro es tan sólida que parece hecha de viguetas de hierro soldadas, esa casa no se caería ni si quiera si le cayera un edificio encima, y no podría yo revelar en esa imagen ni una ventana ni una puerta de acceso, hablando así de un total hermetismo.
Tal vez el análisis de ambas casas aporte elementos, pero lo impresionante es que Resplandor y Luceida, dibujaron cada quien por su lado, con periodos de tiempo intermedios, casas diametralmente opuestas.
La del general, vista desde fuera ubicada en el entorno que lo rodea y esbozada con descuido, aprisa. La de ella es lo opuesto, solamente por dentro, sin respetar el espacio simbólico del papel que será su entorno, sin que yo distinguiera contacto con el exterior por medio de puertas o ventanas, y sobre todo construida en una sólida estructura ajena a una casa y propia de un búnker, inexpugnable e imbatible. Añadiré que este análisis es fruto del tiempo, no de ese momento.
EL INTENTO DE REIR DEL GENERAL
Esa noche, mientras Resplandor y yo veíamos la televisión sentados
en la cama, porque en lugar de estarme él aleccionando o yo
interrogándolo, departíamos como camaradas que disfrutan un buen
rato, le dije: —Ustedes son para mí una droga, una dosis. No puedo
ya vivir sin ustedes: los necesito, estoy enviciado, me he tirado
completamente a este vicio, refiriéndome al impacto emocional que me
ocasionaba su presencia y sus conversaciones.
En ese momento, como respuesta, y por única vez desde que lo trato,
el general intentó ponerse a reír, pero su risa resultó ser una
especie de remedo forzado y denso, torpe y acartonado. Al verlo
tratar de reír me sorprendí al fijarme que no estaba pudiendo
lograrlo, que el general fracasó al tratar de reír porque su risa
careció por completo de frescura. Como si una estructura metálica
intentara tener la gracilidad de movimientos de una danzarina; como
si un edificio de concreto armado intentara lograr la flexibilidad
de una palmera ante la brisa de la playa, o una corriente ígnea de
lava volcánica quisiera alcanzar la fluidez de un río: no es
posible. La densidad de su ser le entorpeció el intento, resultando
un pésimo aunque voluntarioso remedo.
EL ACRÓSTICO DE LOS MUCHACHOS
Cuando ellos llegaron a mi casa, aterrorizado comencé a rezar. Pero
una vez que ella me expresò que ellos a su vez habìan rezado
conmigo, aliviado expresé en voz alta la frase : Benditos Seres de
Luz.
Estos cuatro varones se distinguían claramente entre sì por su forma
de actuar.
Resplandor, el líder de ellos, se identificò como Extraterestre de
Las Plèyades, y a quien comencé a llamar desde el principio El
General, pues se trata de un ser de Luz de intensidad tal, que su
carácter es más que soberbio en mucho sentidos : perfectamente
centrado, pero a la vez amable y aleccionador en todos sentidos
(Texto canalizado).
Amor, se identificò como el fallecido artista europeo, gran
innovador de la perspectiva múltiple M.C.Escher;
Luz, quien también se identificó como Extraterrestre cuyo origen
nunca me fue revelado;
y Raùl, un muchacho de 17 años que habìa sido compañero de escuela
de mi esposa, y que habìa fallecido en un extraño accidente.
No a Raùl, pero sì a los Guìas Incorporòreos de Luz que eran
ellos tres : Resplandor, Luz y Amor, fue a quienes yo llamaba
coloquialmente “Los Muchachos”, que es la misma forma como me dirijo
a mis Guìas de Luz Incorpóreos de la actualidad, veinte años
después, Alma y Amor.
A partir de esa primera frase mìa hacia ellos dentro de mi casa,
compuse en su momento el siguiente acróstico para ellos :
Bordeando lentamente el silencio de la noche
Entre las tambaleantes vidas de tres seres nuevos
Nada parecía augurar la posibilidad de que un
Día se acercarían a nosotros, sigilosos,
Iridiscentes seres etéreos para enriquecer con su voz
Todo nuestro mundo: para brindar paz, seguridad y
Orden, para luchar por nuestra felicidad y darnos la
Seguridad de que en nuestros pasos su huella está.
Salvando la distancia infranqueable de la muerte
Ellos están presentes, hacen oír su voz
Resplandor con ademanes estentóreos y tajantes, Amor
Envuelto en un halo de sentimientos y calor, y Luz
Siendo también maestro y guía de Raúl.
Día tras día manifiestan su energía, toman acuerdos, se
Entretienen con pañales mal puestos, y lidian con quien hace de la vida un papalote.
Lentamente, con otros elegirán comunicarse; hablando sobre vidas pasadas
Un día podrán brindar un mensaje, que nos aleccione de la A a la
Z sobre nuestro humano destino, y nos abra a todos horizontes insospechados.”
EL EPISODIO DE LAS OLIMPIADAS
“El cuatro de octubre de 1984 Resplandor y yo estábamos viendo en la
televisión portátil de blanco y negro de nuestra recámara las
eliminatorias de 800 metros planos para varones, en natación, de las
Olimpiadas de los Angeles. En eso el general comienza a gesticular y
hacer ademanes. Le pregunté qué pasaba, y señalando con su dedo la
imagen en la pantalla dijo: —Allí está Raúl. Veo hacia la tele, pero
allí no hay nada más que los nadadores en acción. —No veo nada raro,
le digo, y él me respondió que Raúl estaba en esos momentos,
mientras los atletas nadaban, parado encima de las cuerdas que
dividen un carril de otro de la alberca, e iba saltando de una
cuerda a otra al mismo tiempo que los nadadores competían. Al
terminar la competencia, Resplandor me dijo: —Raúl ganó.
Le pregunté qué hacía Raúl allí. Respondió que se había ido a las
Olimpiadas porque le gustan mucho los deportes. Cuestioné que por
qué no ayudaba en sus resultados a los mexicanos, mis compatriotas,
y me dijo escuetamente: —Raúl tiene sus propios favoritos.
Quise saber si Raúl tiene posibilidades de ayudar en una
competencia, si puede influir en los resultados. Respondió que no
puede actuar sobre las personas, pero que si lo puede hacer sobre
los objetos. Específicamente, sobre pelotas. Por ejemplo, sí puede
desviar una pelota, y con esta desviación provocar que una persona
acierte o falle inesperadamente. Después estuve viendo un juego de
Bolibol entre Estados Unidos y Japón. Los japoneses perdían
demasiado y temí que Raulito los estuviera sacando de la jugada,
parecía que ellos mismos no sabían lo que estaba pasando.
El ocho de Octubre de 1984, mientras el general y yo veíamos las
premiaciones de la Olimpiada, me comentó que Raúl había estado
cambiando las medallas de sus estuches, aunque no dijo en qué
momento. Yo interpreté por sus palabras que el representante que va
a colocar la medalla encuentra en el estuche de la de bronce la de
oro y viceversa. Aún más, en ocasión posterior Resplandor me contó
que Raúl le había quitado a los atletas mexicanos sus medallas
olímpicas y las iba a traer a la casa. Me pareció muy emocionante la
perspectiva de conocer una medalla olímpica, pero también aclaró que
lo habían obligado a devolverlas. Estas historias de Raúl, que
siempre lo ha hecho todo al revés, como cualquiera se puede dar
cuenta constituyen verdaderamente las insólitas aventuras de un
fantasma descarriado, Raúl es peor que un chivo suelto en una
cristalería.
Por aquella época también sostuve tres conversaciones telefónicas
con Resplandor. Más bien. Él se metió en el cuerpo de Luceida cuando
ya estaba platicando con ella por teléfono. La primera se dio el 16
de Octubre de 1984 a las 14:10 horas, la segunda a las 14:00 horas
del 13 de Diciembre del mismo año, y la tercera a las 14:25 horas
del mismo día.”
LOS POLTERGUEIST DE RAUL
I
No habían transcurrido muchos días cuando Luceida en la noche, al
regresar yo de la universidad, me recibió feliz: —Hoy me apuré y
arreglé la casa, dijo orgullosa. Al entrar en la estancia, con la
niña en brazos, nos encontramos con los cojines de nuestra cama
sobre los muebles de la sala, y las cobijas sobre las sillas del
comedor. Un cojín estaba sobre la alfombra, nuestra ropa de cama
también sobre la alfombra. Toda la estancia ocupada por ropa de la
recámara, parecía que habían dormido varias personas allí. Pero la
ropa estaba doblada, no hecha bolas, con excepción de algunas
prendas que si lucían aventadas. Pero ella en todo momento aseguró
que había dejado todo en su lugar.
Al llegar a la casa otra noche, ella y la niña ya se habían dormido,
y la lamparita de los muchachos estaba prendida con su alegre
lucecita azul. Al estarme cambiando de ropa ella se despertó y me
dijo que había tenido que salir corriendo en la mañana dejando toda
la casa tirada, pero qué crees, interrumpió. cuando subí aquí con la
niña la casa estaba hecha.
II
Fue en esos días que encontré en la casa primero un cigarro roto, y
otro día un foco estrellado. Fue el Sábado de esa semana que llamé
al general. Intercambiamos algunas palabras y me dijo: —Dice Raúl
que veas lo que hay en la mesa del comedor. Salí a la estancia, y
encontré sobre la mesa una carpeta de plástico tamaño carta, con
hojas blancas y una pluma, que había olvidado recientemente en una
residencia en Cuernavaca... También dijo que él había roto el
cigarro y el foco.
III
En esos días se había desatado nuevamente el poltergueist en la
casa. Yo tenía trigo con sus tallos de casi cincuenta centímetros de
largo dentro de un florero, pero había aparecido un día roto más de
la mitad, y no sobre la mesa del comedor sino sobre uno de los
sillones. Otro día conté nueve objetos de la estancia fuera de
lugar, a metros de su posición original. En una ocasión un perro de
madera tallado a mano que estaba sobre la mesita de la esquina, lo
encontramos sobre el asiento del sillón largo alejado treinta
centímetros de ésta, y si se hubiera caído lo habría hecho al suelo
o dentro de ella.
Pero otro día los objetos no solamente se habían movido de lugar,
sino que los encontramos hechos un montón sobre otro de los muebles,
y ella y yo habíamos comentado que Raúl se estaba pasando de
gracioso...
... Respecto al trigo y el gancho aseguró que no había sido Raúl,
sino que había entrado una energía negativa a la casa, ellos la
habían desviado y esos habían sido los resultados.
IV
Al final de la charla ya había caído la noche cuando ambos estábamos
con la televisión encendida, pero sentados conversando en la orilla
de la cama. No sé qué comentario o pregunta hice cuando como
contestación Resplandor realizó cuatro afirmaciones. Dijo: —El
universo no tiene dueño. El universo es un lugar de paz. Las otras
dos se me olvidaron en ese mismo momento. Cuando terminó de decir la
última yo lo estaba viendo fijamente a la cara, conforme fue
hablando se me salieron las lágrimas.
Al día siguiente Luceida y yo regresamos a la casa y hallamos la
cama deshecha y revuelta, y un estuche de madera forrado de piel
color vino, que no era nuestro, de unos treinta por veinte
centímetros, que contenía fichas y barajas de póker, volcado sobre
nuestra cama y el piso, pero no apareció una de las barajas. La
sacamos de adentro de la ropa sucia. Otra de las barajas estaba
dentro de la cuna de la niña. Y sobre las mantas de nuestra cama
encontré una de las cartas de material plastificado rota en tres
partes.
Yo traté de romper uno de los pedazos de la carta con mis uñas, pero
no pude, Luceida también lo intentó y tampoco pudo, así que parecía
que solamente podría ser logrado con unas tijeras, pero los cortes
no eran rectilíneos como cabe esperar de ese instrumento, sino
irregulares, aunque sin ningún desgarramiento del material.
Al hacerle posteriormente un relato al general sobre aquel caos de
movimientos y desapariciones de objetos dentro de la casa respondió:
—Es el peor espíritu chocarrero que me ha tocado. Esa respuesta que
dio Resplandor me pareció tan curiosa que por primera vez,
interrumpiéndolo, salí de la recámara e hice algo que desde ese
momento comenzó a hacerse una costumbre cada vez más metódica,
sistemática y ordenada: escribir lo que él me decía. Al principio,
como en ese momento y temporada, los apuntes no tuvieron fecha y
fueron hechos en papeles sueltos, al aventón. Con el paso de los
años esos apuntes, que constituyeron el back up de esta narración,
se hicieron en tomos encuadernados, aportando detalles minuciosos...
V
El jueves 6, al día siguiente, encontré el espejo de la pared, de
unos cincuenta centímetros de lado con todo y marco de plástico,
sobre nuestra cama. La pistola del pelo conectada, un barniz de uñas
en el sillón, nuestro perro de madera sobre su trompa en su lugar,
pero Luceida negó haber dejado la casa así. Ese viernes encontré el
estéreo prendido, un disco colocado en el tornamesa, dos discos
sobre la mesa, y otra vez el estuche de las cartas vaciado sobre la
cama. Luceida aceptó haber dejado una sola cosa fuera de lugar, pero
negó lo del tocadiscos, los discos y el estuche de cartas. Aunque
también admitió que la niña había abierto un perfume y lo había
vaciado, caminando, por toda la casa, así que el olor a flores era
penetrante.
EL SER LUMINOSO EN LA CASA
“A principios de Septiembre de 1984 una noche estaba platicando con
el general, cuando me comentó que en nuestra casa se encontraban sus
controladores. Ambos recostados en la cama, con las luces de la
estancia prendidas que entraban a la recámara, aunque la pared que
estaba frente a nosotros estaba en total oscuridad.
Segundos después de ese comentario suyo, yo estaba viendo hacia el
frente, hacia esa pared oscura cuando distinguí cómo se fue formando
una silueta luminosa sobre la pared oscura. La silueta era de tamaño
atural, pero el contorno se definió solamente de los codos a la
cabeza. La forma como se dibujó la silueta sobre la total oscuridad
de la pared fue: un brillo luminoso va conformando los contornos
hacia arriba, va permaneciendo hasta completarse. El brillo no era
blanco, sino amarillento pero resplandeciente como la flama del
acetileno.
En ese mismo instante yo mismo supongo, o tal vez alguien, o tal vez
una energía, me golpeó en el costado izquierdo con tal violencia que
rodé pasando por encima de Resplandor, como un rodillo, y salí
despedido de la cama. Caí en la alfombra y me quise hundir
voluntariamente adentro del mismo piso, de haber podido hubiera
adoptado una postura fetal.
Me recupero, me comienzo a incorporar, me recargo en la orilla de la
cama. El general me comenta como diciendo este no aguantó, este no
lo soporta: —Ya me voy. —Noo, le digo, y me limpio de la cara gotas
de líquido, no sé si secreción de la nariz o lágrimas, y añado:
—Espérame, no te vayas. Me subo a la cama y vuelvo a pasar encima de
él, hasta que me acuesto de nuevo en mi lugar.
—¿Qué te pasó?, me pregunta. —Es que como tú dijiste que aquí
estaban tus controladores, yo vi esa silueta y creí que es uno de
ellos, traté de explicar. —No hombre, ¡es Luz!. —Ah, le digo, de
haber sabido que era Luz no me hubiera asustado tanto.
En otra ocasión también estábamos platicando y le digo: —Estoy
viendo que uno de los calados se está poniendo de color dorado.
Aunque todos eran de aluminio, una secreción estaba reflejando una
luz amarilla sin aparente motivo. —Estás viendo a Luz, dijo el
general. Es notable que tanto la silueta como ese reflejo fueron de
color ámbar. Otra tarde estaba parado junto a la lamparita y observé
que ¡refulgía el interior del cristal con luz blanca! Pero no había
prendida ninguna luz, no estaba entrando un rayo de sol.
El resplandor luminoso blanco dentro del cristal de la lamparita era
brillante, y aun si se hubiera tratado de un rayo de sol que en él
incidiera, obviamente habría descompuesto la luz en los colores del
arco iris, ese efecto lo llegué a ver en la mesa de centro en casa
de mis papás. Pero en este caso el resplandor era interior sin
efecto exterior y sin ninguna fuente aparente, lo estuve analizando
con minuciosidad...”
UNA EXPRESIÓN DE MIS SENTIMIENTOS SOBRE ESTE PROCESO
“No sabía que estaba rodando la piedra que sellaba una gruta; no
sabía que esa gruta estaba habitada: no sabía que de las
profundidades de esa gruta iban a salir seres para conocerme a mí,
no me lo podía imaginar.
En esas ocasiones estuve desenterrando y descubriendo, sacando a
luz: escarbaba como quien dice sin mucho ánimo de encontrar nada,
pero salían y seguían saliendo sarcófagos, y estatuas, y códices, y
obras talladas, y reliquias, e incunables.
Fue la clásica historia borgiana del descubridor descubierto, el
explorador explorado, del develador develado, de aquél que supone
que abre una puerta para que pasen otros, y termina descubriendo que
realmente esa puerta debía abrirse, pero para que pasara él
personalmente.”
Y es que me enterè por boca del General, de que en realidad no se
trataba solamente de mí, sino que somos un Grupo de personas que
hemos sido preparados desde antes del momento de nuestro nacimiento,
con la finalidad de entregar nuestras vidas a los fines de los seres
incorpóreos.
Dicho sea de paso, no todos han respondido en una forma positiva a
esta experiencia, y ellos han sabido respetar su decisión.
No así en mi caso particular, puesto que han hallado tales
cualidades para el desempeño de mis funciones dentro de la
experiencia de lo sobrenatural, que no han tenido más remedio que
penetrar hasta lo más hondo de mi ser, para darme la oportunidad de
vivir esta experiencia tan sobresaliente, en una forma tan
extraordinariamente potente que ni en mil vidas hubiera yo podido
vivir todas las experiencias sobre seres sin cuerpo que he tenido en
unos cuantos meses de trato con ellos (Texto canalizado por ellos
para este resumen).
EL CALOR DE AMOR
“Llego en este momento a uno de los puntos culminantes de mi
experiencia. Amor se presentó y se sentó en loto. Yo estaba como
dije sentado en un mueble y recargado en la pared. Mi hermano
continuaba de pie porque no había aceptado sentarse ni siquiera en
el suelo al conversar con ellos. Amor comenzó a platicar con mi
hermano, y mientras lo hacía yo, que había permanecido expectante en
todas estas manifestaciones, comencé a sentir calor en mi cuerpo.
Aquel calor provenía de un lugar inexplicable. No era nada que
semejara un efecto físico sino que se trataba de calor directo; no
era calor físico, no consistía en sentir nada caliente en absoluto,
sino que se trataba de calor de corazón, de sentimiento. Tenía calor
en mi pecho, que se fue difundiendo principalmente a lo largo del
interior de mis brazos como un suero, como un líquido, como si fuera
posible tal cosa como recibir una inyección de calor en el brazo, en
ambos brazos, que se fuera extendiendo progresivamente hacia las
muñecas y las manos.
Lo comencé a sentir y a disfrutar con absoluto placer. No me
interesaban ya las palabras: Quería sentir y sentir más. Me fui
sobrecogiendo de calor, me fui sintiendo terriblemente inundado por
ese calor, inundado, arrobado: fui cruzando mis brazos sobre mi
pecho, como abrigándome. Pero como uno se abriga del frío, en
realidad era como arropándome, como vistiéndome, envolviéndome de
ese calor.
Arrobado por esa sensación divina, maravillosa sensacional, por ese
calor vehemente e inexplicable, yo solamente quería seguirlo
sintiendo. Pero allí no había nada ni nadie que pudiera ser la
fuente de esas sensaciones; nada visible, por lo menos.
Y mientras ambos seguían conversando, yo hice totalmente de lado mi
comprensión de las palabras, como si hubiera volteado la hoja de un
libro porque no quería leerla, y me bloqueé a escuchar. Como si
estuviera borracho y escuchando las canciones más hermosas que
conozco, yo solamente quería continuar en mi total arrobamiento: más
calor y más felicidad, más experiencia y dicha, más bienaventuranza
y deseo, más satisfacción y arrobamiento: perderme entre los
pliegues del sentimiento, seguir sintiendo y que aquello se
intensificara y no terminara jamás era todo lo que yo deseaba, todo
lo que yo sentía, todo lo que yo estaba intensamente viviendo.
Cuando pareció necesario que yo interviniera en lo que ellos estaban
conversando, yo no quería ni moverme ni para hablar. De hecho, en
lugar de decir algo pertinente hice un esfuerzo doloroso, porque me
estaban sacando de aquel placer tan intenso que provenía de la nada
y apenas pude musitar que me sentía arrobado: estremecimientos de
dicha surcaban mi cuerpo, surcaban mis brazos y mi corazón, y
flácido y con dicha escapaban de mis ojos gruesas lágrimas, lágrimas
que sentía enamorado y poseído de amor.
Poco a poco el sentimiento de esa dicha fue amainando, escuché las
últimas palabras de Amor a mi hermano y ambos nos despedimos de él.
Tal vez a la fecha no haya contado a nadie esa experiencia, y ese
día tampoco se la conté a José Luis. Cuando ambos se voltearon a
verme al final de su diálogo y yo no podía ni siquiera articular
palabra, se extrañaron porque no creo que ninguno de los dos tuviera
idea de que en ese breve lapso de sus palabras yo hubiera
experimentado una cascada tal de placer súper intenso, inubicable,
cálido y envolvente.”
Invito al lector a adentrarse dentro del conocimiento de los Seres
de Luz Incorpóreos, con los que he tratado extensamente, en la
consulta de mis siguientes obras :
CAMINOS EN EL INFINITO, con experiencias mías de trabajo con el
Grupo DAR Ibrahim de Seres Incorpóreos de Luz, Comunicadores
Espirituales, a lo largo de 2003, que incluyen trabajo específico de
ayuda espiritual, de alivio del dolor y de trabajo con quemados, así
como el haberme presentado a seres Extraterrestres de cuarta
densidad en varias ocasiones en los bosques del sur de la Ciudad de
México, a mediados de 2003 ;
MANANTIALES DE ALMA Y AMOR, con sentimientos, pensamientos y
opiniones de dos Seres de Luz Incorpóreos, Alma y Amor, que
actualmente viven adentro de mi cuerpo ;
MENSAJES DESDE EL INFINITO. Mantengo contacto cotidiano con seres
incorpóreos, y ellos me han permitido recibir y compartir Mensajes y
Comunicados Canalizados a través de mi persona, de seres de
diferentes niveles de realidad : Extraterrenales;
Extradimensionales; Extragalácticos; Poderes Unidimensionales ;
seres espirituales ; seres humanos desencarnados en planos
espirituales; y seres Extraterrestres.
De los Grupos Extraterrestres que han hecho llegar su palabra a
través de mi persona tengo tres Comunicados de Las Pléyades, tres
del Grupo de seres Extraterrenales de Oblicea – Mardhim, y dos de
los Señores de la Llama. Asimismo he recibido Mensajes de los
Extraterrestres de Aldebarán ; de un Grupo que ocupa actualmente las
Islas Marianas ; y de la Civilización del Conglomerado. También del
Grupo Extraterrestre que secuestró a un estudiante de aviador
mexicano hace dos décadas y abdujo al capitàn de un grupo de
soldados sudamericanos, los cuales se identifican como : Que no
importe mucho quiénes somos ni de dónde venimos. Igualmente del
Comando Ashtar ; de los seres que se identifican provenientes del
Circusen de las Edades, y ocho Comunicados anónimos del Cosmos. De
los seres espirituales, incluyo mensajes de los seres que nos rodean
; de aquellos desde los planos de la Conciaencia ; asì como del
Grupo de seres relacionados con nosotros.
Específicamente algunos de los Mensajes de este tipo que he recibido
y compilado en este libro, me han llegado por intermediación de los
Grupos Ashtar.
EXPERIENCIAS DE LA HUMANIDAD EN PLANOS ESPIRITUALES, que son
palabras expresadas por seres humanos desencarnados que actualmente
se hallan en Planos Espirituales.
También he publicado en la misma editorial y año Fin de Milenio,
un ensayo sobre la realidad espiritual y extraterrestre, que tiene
que ser leído por aquellos estudiosos e interesados en las
realidades fundamentales del ser humano. Y también escribí la obra
de investigación : Pasado, presente y futuro de la Raza Humana desde
el punto de vista de los Extraterrestres, un estudio muy extenso y
bien documentado, sobre las diversas razas de extraterrestres que
nos han visitado a lo largo de los milenios, y las huellas de todo
tipo que han dejado entre nosotros : genéticas, arqueológicas,
culturales y tecnológicas, entre otras.
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